La construcción de la identidad y la subordinación de género en la escuela.

 

Dra. Claudia Morales Ramírez

 

El significado de pertenecer a un grupo étnico, con una adscripción de género, ha sido históricamente reconocido como un componente central de la definición del sí mismo y un importante regulador de la conducta intergrupal (Smith, 2002). Especialmente para aquellos grupos minoritarios o vulnerables, la relación con el grupo de referencia se hace aún más relevante para la valoración personal.

El reconocimiento de la diversidad étnica que caracteriza a México pone de relieve la necesidad de estudiar de manera más sistemática el impacto social de pertenecer a colectivos étnicos. Según el Conteo de Población y Vivienda de 2020 (INEGI, 2020), además de la amplia mayoría mestiza se estima que 23.2 millones de personas (de 3 años y más) se identificaba como indígena, lo que equivalió al 19% de la población en la edad en mención. De esta población, había 7,364,645 personas de 3 años y más hablaban alguna de las más de 62 lenguas indígenas1

Estos grupos se concentran en cinco estados del país, que son Chiapas (1,004,853), Oaxaca (1,000,838), Veracruz (555,974), Puebla (520,605) y Yucatán (782,667) (INEGI, 2020).

En el presente artículo se explora la construcción de las identidades étnicas y de género en niñas indígenas nahuas de Cuetzalan (Puebla) que asisten a la escuela primaria. El objetivo es mostrar los procesos con los que se construyen estas identidades en las niñas de primaria indígena y el papel que toman en las interacciones las prácticas educativas y socioculturales en las que participan. Se parte del análisis de la educación institucionalizada, la educación indígena, como instancia oficial. Se parte de la educación, como forma privilegiada de transmitir, conservar, reproducir y construir las identidades. Este trabajo busca comprender estos procesos en el actual contexto de cambio, de globalización, de transnacionalización, de migración, de expansión cultural y de modernización. 

El municipio de Cuetzalan del Progreso, Puebla, es culturalmente rico y en él han convivido desde hace siglos comunidades indígenas y mestizas. La población total de población es de 49,864, en tanto que la población indígena, hablante de alguna lengua, es 32,647 que representan al 65,47% de la población, de los cuales la gran mayoría hablan náhuatl (INEGI, 2020). 

Los habitantes de la región sufren marginación y pobreza. La mayoría de ellos están dedicados a la agricultura del maíz, frijol, café, árboles frutales, y algunas veces a su comercio; sin tener buenos ingresos, tratan de buscar otros caminos económicos como la venta de artesanías mientras que los niños, por su parte, además sirven de guías a los visitantes, ya que este lugar tiene una gran cantidad de atracciones turísticas como las grutas, las cascadas y la zona arqueológica de Yohualichan (“Casa de la noche”) en donde la gente nahua conserva muchas de sus tradiciones y costumbres influida por las ideas modernas, lo que da como resultado un sincretismo muy interesante.

Identidad y subordinación.

Las escuelas no permanecen al margen de los procesos de configuración sociocultural de las identidades – étnicas y de género –, además de los mecanismos de control y disciplina que ponen en funcionamiento al fijar al sujeto a la sociedad (Foucault, 1980), que facilitan tiempos y espacios para ser y aprender a ser niñas indígenas (Funes, 2004). 

La visión que los alumnos parecen tener de la escuela es como un espacio de controles excesivos sobre su conducta, donde el diálogo y la expresión son limitados, donde se deben acatar y obedecer las indicaciones con pocas explicaciones de por medio, según lo señalado por algunos niños en las entrevistas realizadas. Por otro lado, los niños cada vez están menos dispuestos a acatar las órdenes sin cuestionar a sus profesores o a ellos mismos; se multiplican las formas de resistencia y las muestras de inconformidad con una institución cuya función educativa gira en torno a ellos, pero que suele no escuchar lo que tienen que decir al respecto.

Niñas nahuas, entre la encrucijada y la disyuntiva.

Las escuelas en donde se realizó el trabajo de campo fueron primarias de Tenanikán, Tuzamapan, Tepetzintán, Cuauhtapanayolan y Cuauhtamazaco y se seleccionaron de acuerdo con el tipo de organización (completa y multigrado), así como por la cercanía o lejanía de las localidades de la ciudad de Cuetzalan, capital del municipio y principal centro económico, político y turístico de la zona.

A pesar de las diferencias que se pueden observar en las escuelas, un aspecto generalizado es que los profesores insisten con regularidad en el orgullo que sienten por su origen étnico. Ser indígenas, en este contexto, no propicia alguna situación de desigualdad al interior de las comunidades, es decir, que esta pertenencia a algún grupo no tiene repercusiones en las comunidades, ya que éstas son mayoritariamente indígenas; el “problema” lo enfrentan cuando salen de las localidades y se ponen en contacto con otros grupos con quienes establecen relaciones asimétricas, en su mayoría de discriminación. 

Las escuelas más grandes (de organización completa, es decir, con los seis grados de primaria) son las que se encuentran en las localidades más cercanas a la ciudad de Cuetzalan y las que tienen mayores influencias de los mestizos y extranjeros que viven en esa ciudad (ya sea por las actividades económicas que realizan o por la oferta de sus servicios a los turistas). Los niños de estas poblaciones están muy acostumbrados a vestir y hablar de manera más cercana a los mestizos, usan la vestimenta tradicional y la utilización de la lengua indígena se restringe cada vez más a los ámbitos familiares y privados siendo las niñas (y las mujeres adultas) las que tienen más arraigada la utilización de los elementos étnicos.

Los habitantes de las localidades más pequeñas, con escuelas multigrados (a veces unitarias, a veces atendidas por uno o dos profesores) tienen una relación menos frecuente con los habitantes de Cuetzalan (en muchas de las ocasiones restringida únicamente a algunos domingos, cuando asisten al mercado que se realiza en la cabecera municipal, donde compran y venden sus productos). Los niños que provienen de esas poblaciones tienden a conservar más sus distintivos indígenas, como indumentaria y en la utilización del español se nota el fuerte acento que les da hablar una lengua materna diferente al castellano.

Semejante a la tendencia nacional, que se constata en las estadísticas oficiales (SEP, 2024), las trayectorias escolares de estas niñas nahuas son marginales. Así, a la de por sí reducida oferta educativa para las niñas indígenas (restringida regularmente a la educación básica: preescolar, primaria y secundaria), se suman los factores endógenos, culturales y de género que construyen la subordinación femenina desde la infancia a través de manifestaciones étnicas particulares como la persistencia de un alto grado de analfabetismo en las mujeres. En los dos tipos de localidades se observa que las mujeres adultas no saben leer ni escribir y que la incursión de las niñas indígenas es reciente; esto es el reflejo de la escasa o nula posibilidad que las mujeres indígenas tienen para realizar estudios formales en las escuelas. 

Al trabajar en las aulas se observa que entre las niñas el proceso de escolarización se inicia más tarde que el de los niños y se interrumpe más temprano. Este aspecto forma parte del mismo proceso de la escasa posibilidad de escolarización de las indígenas. Desigualdad que se agudiza en las localidades más pequeñas y con mayor presencia indígena.

La socialización de género es un proceso de aprendizaje por medio del cual la sociedad, a través de los agentes transmite las creencias, los valores y los comportamientos. Esta socialización iniciada en el seno familiar para la valoración y asignación de actividades diferenciales entre mujeres y hombres se prolonga a la escuela. Las niñas son a las que, como responsables del cuidado de la familia, se les pide servir a sus hermanos, cuidarlos e incluso en muchas ocasiones los llevan a las aulas, ya que sus padres realizan algunas actividades en el campo, o simplemente porque ellas deben ir aprendiendo sobre el cuidado de la familia.

La escuela, y con ella los libros de texto y el profesorado, además de transmitir conocimiento, también difunde valores sociales y culturales. Como parte del aprendizaje diferenciado que existe entre niñas y niños es muy común observar en las aulas que los materiales educativos, así como los juguetes y los juegos están separados por sexo. Dentro de los salones de clase hay una clara diferenciación de las actividades, los juegos y los espacios ocupados por niñas y niños. Las niñas son las encargadas del orden, de la limpieza, de la disciplina; en tanto que los niños son los que tienen más permiso para andar libremente por el salón y se les permite ser más desordenados. Existe una asignación diferenciada de responsabilidades en los salones de clase; las niñas se ocupan de la limpieza, los niños cargan los objetos pesados. 

Estas actividades y espacios diferenciados no sólo se observan en el aula, la escuela entera es testigo de ello. En los tiempos libres (recreos) los niños ocupan las áreas centrales del patio y tienden a desplazar a las niñas a las áreas marginales. Si la escuela tiene espacio para la realización de algún deporte, éste será utilizado por los niños y en mucho menor medida por las niñas. En general, a las niñas se les relaciona con actividades tranquilas, juegos de manos, y otras tareas que no exigen mucho desplazamiento.

Hay una clara diferencia en los criterios de rendimiento que se piden a ambos sexos: mejores calificaciones a niñas que a niños. Dentro de estas exigencias también hay matices: mejor rendimiento de las niñas en el uso de las lenguas (español e indígena) y mejor manejo del pensamiento abstracto de los niños (relacionados con las matemáticas); más limpieza personal a las niñas, menos a los niños.

En los materiales educativos, particularmente en los libros de texto, los contenidos que se enseñan están llenos de imágenes que tienen que ver con uno y otro sexo; por ejemplo, la recurrente reproducción de estereotipos de mujeres como madres y de los niños como proveedores de bienes y servicios en los hogares, aspectos que son vistos por los niños como algo cotidiano.

El papel de las mujeres en la subordinación está presente, sobre todo en las niñas, quienes abiertamente asumen que los hombres someten a las mujeres, pero las mujeres adultas también lo hacen con respecto de las más jóvenes. En algunas ocasiones las niñas parecen tener ideas muy avanzadas con respecto a su posición como mujeres, sin embargo, siguen reproduciendo los roles que se les han asignado:

Una mujer tiene los mismos derechos que un hombre, no importa ser mujer siempre podemos hacer lo mismo que un hombre porque siendo mujeres podemos ser mejores que un hombre. No importa que digan que sólo servimos para hacer el quehacer, las mujeres podemos trabajar con el fin de alcanzar nuestras metas y nuestros sueños, tú sólo debes pensar en que no importan nuestras diferencias todas podemos ser bailarinas, cantantes, astronautas, maestras, doctoras, abogadas y otras cosas más no importa lo que digan, sólo interesan nuestras metas. (Ensayo niña nahua de sexto grado)

 

Ante una clara idea sobre las potencialidades, la niña empieza a enumerar las actividades que se pueden hacer como bailarinas o cantantes. Desde edades tempranas las niñas asumen los lugares asignados o las tareas diferenciadas que los profesores insisten en reproducir. Sin embargo, las mayores tienen una mayor conciencia del maltrato del que son víctimas:

La mujer es maltratada por los hombres, criada para nosotros y les gritan muy feo y las dejan bien moretiadas (sic) y también a sus hijas. El hombre bebe bebidas (sic) alcohólicas – esa es la causa – o la mujer no tiene comida, entonces el hombre se enoja y le pega, son violadas por los hombres. A unas mujeres las violan y después las matan o las venden con otros señores o cuando ya no las quieren las llevan a un lugar en donde no hay casas o personas, y allí las tiran. Así en las noches se esconden los hombres cuando ven una mujer, la agarran y se las llevan. (Ensayo de niña nahua de sexto grado) 

 

Además, ahora después de la incursión de varias organizaciones de ayuda a mujeres, conocen sus derechos y posibilidades de enfrentar o revertir esta situación:

La mujer es nuestra madre, la más importante que Dios ha mandado en el mundo, es el tesoro más preciado en el mundo, por esa razón exijo más respeto. Por favor, aquel que maltrate nuestra a madre, yo seré capaz de demandarlo. Por esa razón exijo respeto, yo quiero que nuestra madre tenga una maravillosa felicidad, una mejor vida. Ellas nos ayudan, nos abrazan, acarician y nos dicen que porqué estamos tristes. La mujer tiene derecho de no ser golpeada ni maltratada por nuestro padre, por eso aquellos padres que maltratan a sus mujeres que por favor tengan más respeto, y por eso mismo yo sí les juro que a aquel que vea maltratando a su mujer yo lo voy a demandar, porque la mujer es la más importante, no quiero que la maltraten ni le falten al respeto. La madre sufre cuando tenemos nuestros hermanitos por eso yo no quiero que la maltraten eso es lo que yo propongo, exijo, respeto por favor. (Ensayo de niña nahua de sexto grado)

A manera de conclusión

Hasta aquí he señalado algunos problemas a los que se enfrentan las niñas nahuas. A pesar de eso no se deja de reconocer las posibilidades y potencialidades que tienen debido a su papel privilegiado en la transmisión y reproducción de su cultura como factor que permite y vigoriza la existencia de las sociedades indígenas contemporáneas.

De lo observado, las niñas nahuas están expuestas a factores externos a su grupo étnico, que se encuentran en localidades grandes, cercanas a la ciudad de Cuetzalan y con acceso a otros grupos (indígenas, mestizos y extranjeros) de aquellas que viven en localidades muy pequeñas, mayoritariamente indígenas (monolingües). Esta distinción no pasa por alto que hay otros medios por los cuales las niñas también reciben influencias externas (como el caso del radio, la televisión, incluso internet) y que esto modifica la percepción que tienen de sí mismas y su papel dentro de la sociedad.

Los procesos de globalización por los que atraviesan las niñas indígenas son complejos y paradójicos, que incluyen confrontaciones y negociaciones, inclusiones y exclusiones, convergencias y divergencias. Por un lado, la exposición de las niñas nahuas a los medios tecnológicos, a las políticas educativas nacionales, a la interacción con la población mestiza y extranjera, pareciera plantear un modelo único de cultura dominante, de la anulación de la diferencia; mientras que por otro lado, la conciencia de la diversidad, el reconocimiento y surgimiento de las diferencias que están en la base de los fenómenos identitarios emergen ante esta confrontación, generándose de esta manera una apropiación recíproca. 

La escuela es un espacio de construcción de identidades que tiene la particularidad de tener una función ambivalente: donde se les ofrece a las niñas alternativas para superar su condición étnica, género y edad o terminar como el lugar en el que se reproducen las desigualdades.

 

 

 

 


Referencias

Foucault, M. (1980). La verdad y las formas jurídicas. Barcelona: Gedisa.

Funes, J. (2004). Cómo explicar, cómo analizar la diversidad adolescente. Una propuesta de análisis a partir de los territorios escolares, in Rossana Reguillo Cruz et al. (Eds.), Tiempo de híbridos. Entre siglos. Jóvenes. México-Cataluña: 131-149. México: SEP/ IMJ/ Secretaría General de Juventud/ Consorci Institut d’Infancia i Món Urba.

INEGI. (2020). Censo General de Población y Vivienda 2020. México. Instituto Nacional de Estadística y Geografía

 

La construcción de la identidad