José Luis Dávila Quezada
Estudiante de la Maestría en Tecnología e Innovación Educativa.
En 1997, David Pullman se sentó frente a David Bowie para anunciarle la solución a una de sus preocupaciones. Las nuevas tecnologías —lideradas por plataformas como Napster, el gran enemigo de Lars Ulrich− se disponían a acaparar el mercado a través de vender música bajo la lógica del dulce a granel: a disposición del consumidor, desde una pieza o por kilo, incluso surtido de todos los que vienen en el bulto. Ante este cambio inminente, no sólo Bowie sino todos los intérpretes y compositores se preguntaban cómo asegurarían su futuro financiero, tanto el personal como el de sus proyectos; hasta ese momento, las compañías discográficas eran las encargadas de dar el soporte económico necesario para la producción de los materiales, implicando en muchos casos −como en el de Bowie− la cesión de derechos de propiedad intelectual a los mismos sellos o a los managers, quienes frecuentemente eran responsables de incluir esa cláusula en los contratos (las más de las veces, de manera poco ética), y aunque esta práctica representaba un abuso hacia el artista, la mayoría del tiempo era obviada debido a que las regalías se distribuían casi directamente entre los implicados −disquera, manager, artista, músicos de sala, promotores, etc.−, lo que daba una sensación de transparencia en las cuentas.
Sin embargo, al casi acabar el siglo XX y con el surgimiento de los nuevos medios, tanto de comunicación como de comercio, en el horizonte se vislumbraba la tercerización del contenido y, por consecuencia, la dilución de las ganancias para los creadores e intérpretes. Pullman, contratado frecuentemente para resolver problemas de liquidez, atendió al preocupado cantante y, tras escucharlo, le ofreció algo que cambiaría la forma de invertir en el mundo del entretenimiento: vender bonos de titulización a diez años sobre los ingresos en regalías de veinticinco de sus discos que ya se encontraban en el mercado y de los conciertos a realizarse en esa década que empezaría a correr (Ferrel Vargas, 2025), lo cual permitiría al icono inglés obtener capital suficiente para sustentar la recompra de los derechos que no poseía sobre algunos materiales ya publicados —aumentando el valor de los bonos— a la vez que producía nuevos discos completamente libres con el fin de obtener ganancias exclusivamente para sí.
Por supuesto, esto que acabo de contar tiene muchas más capas de las que se pueden expresar en dos párrafos: las repercusiones no se afincaron exclusivamente en la industria musical, sino que permearon sobre el mundo general de las finanzas, cambiando el enfoque que se tenía sobre las operaciones dentro del mercado y los campos de acción de los intermediarios (Cecchetti, Upper, & Vestin, s. f.). Pero ese no es el tema central de este texto, el caso de Bowie sólo es un ejemplo que me ha parecido adecuado para enmarcar cómo la innovación se presenta como un sistema capaz de ser analizado en dos niveles: macroestructural y microestructural, ambos funcionando proclivemente de la mano, pero, a la vez, uno influyendo sobre el otro. La macroestructura posibilita la agencialidad al proveer un marco en el cual se insertan los procesos de las microestructuras por lo que, en consecuencia, estas últimas tienen la capacidad de perpetuar o reconducir el funcionamiento del sistema, dependiendo de si se estructuran bajo los procesos ya establecidos o si los transforman desde la incorporación de nuevos elementos o nuevas maneras de hacer uso de los elementos ya integrados. En el caso de Bowie, los bonos concebidos por Pullman no hubieran existido, por ejemplo, de no existir el concepto de titulización y, con él, los mecanismos para realizar la conversión de una deuda en un activo que genera rendimientos; así, algo que típicamente se usaba para vender bonos sobre grandes portafolios de deudas hipotecarias se usó de manera innovadora.
Me descubrí pensando en todo lo anterior cuando leía Innovación educativa en el desarrollo de aprendizajes relevantes, artículo de Palacios Núñez, Toribio López y Deroncele Acosta, sobre todo en lo que refieren a la distinción entre innovación en educación e innovación educativa. Es común, más de lo que debiera, que en muchos colectivos docentes aún exista cierta confusión al respecto, algo que afecta su labor diaria; siguiendo la lógica sobre los bonos Bowie (aunque tal vez tendrían que llevar mejor el nombre de ‘bonos Pullman’), la innovación en educación es la macroestructura en la que se inserta la labor educativa o, en otras palabras, es el entramado político, económico, social, científico y cultural del que emanan las condiciones bajo las cuales se ejerce y gestiona la educación, mientras que la innovación educativa es la microestructura generada por la labor educativa al poner en práctica teorías, metodologías, estrategias, modelos, enfoques o herramientas para llevar a cabo los procesos de enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, la confusión docente reside en que aún hoy algunos llegan a pensar, y sostener, que la innovación dentro del aula no es mediada por la labor que se ejerce al crear microestructuras (las cuales pueden ser tan simples como la redacción de instrucciones o tan complejas como la construcción colectiva de un ambiente de aprendizaje virtual) sino por las condiciones que se “dictan” desde la macroestructura, lo cual les resta agencialidad y los lleva a pensar que, por decir algo, toda nueva herramienta o cualquier enfoque distinto en el que se puedan capacitar, no es más que un aparato de reproducción de la misma macroestructura en vez de una posibilidad para generar transformaciones en ella. Vaya, incluso les hace considerar que dar indicaciones para realizar una tarea es comparable con dar órdenes incuestionables, por lo que se ciñen a escuetas oraciones que alejan al alumno de pensar sus procedimientos y lo sumen en una consternación por cumplir al pie de la letra lo que se dicta desde la autoridad del docente. En este sentido, habría que girar a ver a Pullman: de haber pensado así, bajo ese tenor de la confusión sobre la innovación, lo más probable es que le hubiera recomendado a Bowie adquirir deuda en vez de venderla, algo que en 2008 llevó a la quiebra a muchos (aunque ese es otro tema).
Pero, entonces, ¿cómo lograr que esa confusión docente desaparezca? Una de las grandes fallas —por no sentenciarla como “la gran falla”— en las capacitaciones sobre innovación educativa es que a los docentes no se les ofrecen los fundamentos epistemológicos de su hacer, sino únicamente una serie de alusiones teóricas desde breves retazos de información que no logran un mensaje completo, dejando a la innovación como una implementación utilitaria accionada por los alumnos más que como un proceso multidireccional que implica distintos niveles performativos de la enseñabilidad; si se siguiera eso último, una capacitación sobre innovación adecuada para los profesores supondría la necesidad de, como lo mencionan en su artículo Palacios, Toribio y Deroncele (2021), definir y establecer los distintos tipos de innovación educativa que se pueden gestionar desde la autonomía docente —ya sea desde el ejercicio individual o el colectivo dentro de una institución— (curricular, pedagógica, metodológica, tecnológica y administrativa), además de señalar los tres niveles en los que estas gestiones pueden ser implementadas (como mejora del proceso, como modificación del proceso o como transformación del proceso). Cimentar estos fundamentos epistemológicos posibilitaría que el docente ya no se viera a sí mismo como un guía pasivo del proceso de enseñanza-aprendizaje sino como un diseñador y constructor de microestructuras, fomentando el desarrollo propio —y no sólo el de sus alumnos— al enlazar su experiencia con información nueva, haciéndolo a él también sujeto de aprendizajes relevantes.
Referencias
- Cecchetti, S., Upper, C. & Vestin, D. (s.f.) David Bowie and monetary policy. Bank for Internacional Settlements. https://people.brandeis.edu/~cecchett/Polpdf/Polp40.pdf
- Ferrel Vargas, L. (2025). David Bowie: la inspiración detrás de los bonos de titulización en el mundo del entretenimiento. En RUE: Revista universitaria europea, Nº. 42, 2025, págs. 109-152. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=10333557
- Giles, C. (2024) Look What You Made Them Do: The Impact of Taylor Swift’s Re-recording Project on Record Labels. University Of Cincinnati Law Review Blog. https://uclawreview.org/2024/03/27/look-what-you-made-them-do-the-impact-of-taylor-swifts-re-recording-project-on-record-labels/
- Girard, R. (1990). Innovation and Repetition. En SubStance, Vol. 19, No. 2/3, Issue 62/63: Special Issue: Thought and Novation. pp. 7-20. https://doi.org/10.2307/3684663
Palacios Núñez, M., Toribio López, A. & Deroncele Acosta, A. (2021). Innovación educativa en el desarrollo de aprendizajes relevantes: una revisión sistemática de literatura.
- En Revista Universidad y Sociedad, 13(5), 134-145
https://rus.ucf.edu.cu/index.php/rus/article/view/2219
