Dra. Claudia Morales Ramírez
(Primera parte)

El significado de pertenecer a un grupo étnico, con una adscripción de género, ha sido históricamente reconocido como un componente central de la definición del sí mismo y un importante regulador de la conducta intergrupal (Smith, 2002). Especialmente para aquellos grupos minoritarios o vulnerables, la relación con el grupo de referencia se hace aún más relevante para la valoración personal.
En el ámbito internacional, el interés por entender la construcción de identidades ha llevado a una importante producción de investigación sobre el tema. Estos estudios muestran que las identidades son un constructo multidimensional y complejo determinado por la interacción de factores interindividuales, contextuales y socioestructurales. Asimismo, el papel de la identidad grupal en la regulación del comportamiento social ha sido demostrado consistentemente en un número importante de investigaciones (Smith, 2002). En el ámbito nacional, el reconocimiento de la diversidad étnica que caracteriza a México pone de relieve la necesidad de estudiar de manera más sistemática el impacto social de pertenecer a colectivos étnicos.
Pretendemos reflexionar sobre los procesos por los que atraviesan las niñas en la construcción de sus identidades en escuelas “alternativas” zapatista de Oventic, en Chiapas (sureste del país); de grupos tzeltales, tzotziles y tojolabales de la Junta de Buen Gobierno (JBG) asentados en el municipio autónomo de San Andrés Sakanchém de los Pobres. Se parte de la educación, como forma privilegiada de transmitir, conservar, reproducir y construir las identidades. Este trabajo busca comprender estos procesos en el actual contexto de cambio, de globalización, de transnacionalización, de migración, de expansión cultural y de modernización.
Nuestras observaciones se realizaron en el Caracol de Oventic, que atiende a la población indígena. El trabajo se ha hecho con algunos acompañantes y mediante la observación del trabajo en las escuelas, entrevistas con autoridades de la comunidad, padres de familia y niños. De la JBG no se tiene contabilizado el número de habitantes, sin embargo, los aproximado es 16,500 habitantes en el municipio de San Andrés Larráinzar (nombre gubernamental del municipio autónomo de San Andrés Sakanchém).
Los habitantes de las JBG, como todos los grupos indígenas, viven en marginación y pobreza; como la mayoría de los indígenas en México, se dedican fundamentalmente a la agricultura del maíz; los niños también participan en los trabajos colectivos cortando leña, abriendo siembras y también moliendo café. Es una obligación para todas las familias la participación colectiva. Estos niños, además de todas sus actividades, viven en la “guerra”. El subcomandante Marcos, a propósito de la situación de los niños indígenas escribió:
En las comunidades indígenas de Chiapas la desnutrición infantil llega a un 80%, 72% de los niños no alcanza siquiera a terminar el primer año de la primaria escolar, y en todos los hogares indígenas niños y niñas, desde los 4 años de edad, deben cortar y acarrear leña para comer. Para romper esos círculos hay que pelear mucho, siempre, incluso desde niño. Hay que luchar fuerte. A veces hay que hacer una guerra, una guerra contra el olvido (Los Diablos del Nuevo Siglo, subcomandante Marcos).
En términos metodológicos la investigación se estructuró a partir de las preguntas: ¿Cómo se construyen las identidades en los estudiantes de primaria indígena? y ¿Cuál es el papel que toman las interacciones, las prácticas educativas y socioculturales en las que participan las niñas como estudiantes de educación indígena en la configuración de identidades de género y de etnia?
Construcción de identidades.
México se define como una nación multicultural y pluriétnica, es decir, que está conformada por diferentes culturas y representa a diferentes etnias, además se reconoce que se sustenta en sus pueblos originarios, llamados indígenas. Ellos tienen culturas propias con cosmovisiones e interpretaciones simbólicas de lo que han sido y son.
La educación es una forma privilegiada de transmitir, conservar, reproducir y construir la cultura. Cada grupo humano tiene los mecanismos básicos para educar a sus miembros dentro de una perspectiva que le garantice a la sociedad los elementos necesarios para construir su devenir histórico en el contexto de su proyecto de individuo y de la colectividad; por esto, la sociedad en su conjunto es educadora.
La educación en los grupos étnicos corresponde a procesos endógenos de formación y socialización, de acuerdo con las características culturales, sociopolíticas, económicas y lingüísticas propias, de tal manera que mediante este proceso permanente se garantice la interiorización de su cultura que ubica al individuo en el contexto de su propia identidad (Borja, 1993).
La dimensión de la especificidad étnica sin duda remite al concepto de identidad que aquí es considerada como un proceso. Esta va configurándose durante todo el ciclo vital del individuo, es decir, la construcción identitaria es un proceso permanente que se realiza en condiciones sociohistóricas particulares, en el espacio de la vida cotidiana, no abstraído de sus pertenencias, situaciones, relaciones e influencias, por medio de procesos de producción y reproducción social en los que el sujeto participa, y se va haciendo múltiple, en tanto innumerables elementos del orden social se incorporan como puntos de referencia para el sujeto, como adscripciones identitarias a las que los sujetos se adhieren (Reyes, 2009).
Las niñas indígenas concentran varias desventajas de la pobreza: la desigualdad de género, la discriminación étnica y la subordinación generacional (Bonfil, 2002). Como se puede comprobar plenamente en la literatura, las mujeres indígenas viven múltiples desigualdades, y la primera es esa seguramente es la de ser indígena, pero igualmente de importante es por ser mujeres (Bonfil, 2002).
En tanto que lo referente a la infancia es un tema todavía nuevo para construir una comprensión integral de los fenómenos sociales, y el conocimiento sobre la especificidad de la niñez aún no está suficientemente definida en las situaciones particulares en las que se desenvuelve este sector de la población, también plural, dinámico y complejo.
La definición misma de infancia debe cuestionarse en este contexto. La construcción social del sujeto niña en entornos culturales distintivos, dentro de sociedades étnicamente diferenciadas, es apenas un análisis incipiente; por el momento reubicaremos esta definición en el contexto del aparato institucional mexicano, tratándose de lo indígena.
