Ciudades: sedentarismo y obesidad

Dr. Francisco Mustieles Granell

La revisión crítica del estado de la literatura actual sobre la relación entre obesidad y patrones de urbanización es mucho más extensa en EE.UU. y en Europa, que en América Latina y en otras áreas continentales.

El objetivo de este artículo fue el de revisar y sintetizar diversos libros y artículos que tratan sobre el sobrepeso y la obesidad, tanto en América Latina, Estados Unidos y Europa, para precisar las relaciones entre sedentarismo, sobrepeso y obesidad, así como, las variables ambientales relacionadas con la densidad poblacional urbana y los modelos de ciudad compacta (compact city) y ciudad difusa (urban sprawl).

Hay un grupo numeroso de investigadores que señalan que existe una conexión directa entre la obesidad y estos patrones. Que la obesidad está estrechamente correlacionada con los modelos suburbanos (urban sprawl) y periféricos difusos, y que ésta disminuye en los modelos compactos de urbanización.

 

Hay otro grupo de investigadores, quizás menor, que, si bien reconocen que el urban sprawl está asociado con altas tasas de obesidad, afirman que este hecho no permite afirmar que la relación sea causal pues la evidencia disponible hasta los momentos no permite refrendar esa conclusión.

La obesidad es producto de un patrón de consumo inapropiado que implica al exceso de peso; esto es, es una conducta personal de consumo e idiosincrática, que puede llevar a la inactividad física y a la escogencia de un modelo urbano de residencia acorde, en el que el automóvil se presenta como solución cómoda y privilegiada para los desplazamientos, y como nos lo recordaba Cuartas (2013), una escogencia de “ambientes construidos”, facilitadores del acceso a alimentos que favorecen la ganancia de peso, y que en todo caso, no propician que las personas realicen algún tipo de actividad.

Faltan aún por realizar muchos estudios que establezcan correlaciones entre factores de consumo que determinen a la obesidad, por género, por grupos etarios, por niveles socioeconómicos, por patrones culturales, por grupos étnicos, por factores de religión, etc., y en las distintas áreas geográficas que contempló este capítulo, así como en otras que no se abordaron.

Mientras surgen otros estudios, lo que sí se puede afirmar, sin temor a equivocarse, es que hay mucho trabajo a hacer en materia de planificación, diseño urbano y arquitectura, en los vecindarios de modelos difuso y compacto en EE.UU., y en periferias y centros urbanos latinoamericanos.

La comparación con lo implementado en EE.UU., es muy superior en Europa y se refleja en los resultados. Los sistemas de transporte en Europa han hecho mucho más que en EE.UU. para caminar o para utilizar la bicicleta como medio alternativo. A su vez, se trata de áreas con una densidad urbana mayor, siendo los niveles de caminar y de desplazamiento en bicicleta hasta 5 veces superior a los de EE.UU. En Europa, las personas hacen el 33% de sus desplazamientos a pie o en bicicleta mientras que en EE.UU. tan solo 9,4%; y el 11% de los desplazamientos son hechos en bicicleta en Europa contra un 1% en EE.UU.

Con estas prácticas urbanas y un consumo de alimentos 8% menor al consumo de los estadounidenses, los europeos tienen tasas mucho más bajas de obesidad, de diabetes y de hipertensión.

En los países de América Latina y el Caribe, la alarmante situación en materia de obesidad y sobrepeso que existe, y que se proyecta sea aún más grave, hace impostergable tomar acciones vinculadas con políticas sociales, urbanas y de salud, ya que es una región cuyo proceso de crecimiento urbano se ha caracterizado por no ser planificado, caótico, discriminatorio y, por ende, poco sostenible, lo que se ha traducido en una región con una alta desigualdad social.

 

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