Víctor Baca E.
“Queremos un cambio de sistema, no un cambio climático”
Naomi Klein
Al revisar la lectura sobre Ecosocialismo: los aportes de Nicholas Georgescu-Roegen para un nuevo orden bioeconómico, Memorias de las I Jornadas Internacionales sobre Economía, Política y Sociedad”, ocurrida en Venezuela, en 2016, me hace cavilar sobre lo que afirmaba Marx en el tercer volumen de su obra magna, El Capital, que “Ni la sociedad en su conjunto, ni la nación ni todas las sociedades que coexistan en un momento dado, son propietarios de la tierra. Son, simplemente, sus poseedoras, sus usufructuarias, llamadas a usarla como boni patres familias y a transmitirla mejorada a las futuras generaciones” (Marx, 1984), lo que, en efecto, es un punto de donde se polemiza sobre el abordaje marxista hacia la relación entre hombre y naturaleza, es decir, sobre su postura económica, aunque también debemos decir que, en lo general de la teoría marxista este rasgo no determina el núcleo de su teoría, pero es una extensión y base para lo que 150 años después denominarán ecosocialismo…
La economía tradicional, conforme a Georgescu-Roegen no reconoce “que los recursos terrestres de la energía y los materiales utilizados irrevocablemente se agotan y los efectos nocivos de la contaminación sobre el medio ambiente se acumulan”, (Áñez, 2016) y por eso se convirtió en tendencia desde el principio del S. XXI, la búsqueda de modelos alternativos, sobre todo penando en modelo sustentables y como denunciaba W. Benjamin con su mirada siempre profética, desde 1928, en su libro Dirección única, la idea de dominación de la naturaleza como una «instrucción imperialista» y propuso una nueva concepción de la técnica como «dominio de la relación entre la naturaleza y la humanidad» (Löwy, 2012)
Entre otras se encuentra, con mucha profundidad, la Bioeconomía de Nicholas Georgescu-Roegen (1971) que se vincula con el sentido de lo planteado por la Economía Ecológica, la cual es definida como “la ciencia de la gestión de la sustentabilidad”. La sustentabilidad o viabilidad en el tiempo de un sistema, viene marcada por sus intercambios con el entorno físico, que […] escapan a la red analítica usual de los economistas. (Áñez, 2016) Pues, estos admiten que es complicado romper con los principios que, desde los procesos de industrialización y postura del paradigma capitalista, son los que dominan el campo de la economía. La ganancia, la plusvalía, la noción de la naturaleza como mercancía y el sentido de la explotación como señal de progreso y civilización, aún persisten y por eso es difícil caminar otras posturas como la propuesta, primero por el sociólogo franco-brasileño Michael Löwy y después por Georgescu-Roegen.
Por su parte, lo plantado por la Economía Ecológica (Carpintero, 1999), cuya exigencia descansa en “… la comprensión de las relaciones entre los ecosistemas y los subsistemas económicos en su acepción más amplia” (Costanza, 1989: 1, citado por Carpintero, 1999).
Mientras que la Bioeconomía, por su parte, observa la relación íntima que existe entre existencia biológica y actividad económica desde la perspectiva de asumir y privilegiar la evolución y los ecosistemas, como principio critica al análisis económico neoclásico, postulando que “la ley de la entropía es la fuente verdadera de la escasez económica”, y, por eso, si no se mira la gestión de los recursos naturales, dentro de un proceso donde participan materias primas, transporte de los individuos, la búsqueda de fuentes energéticas y en razón de que éste no termina con la generación de productos (bienes o servicios), –ya que los desechos, los humos o calores generados, así como la energía transformada, deben contemplar estas premisas para no continuar con los daños, que son ya de por sí innumerable. La bioeconomía presenta la incorporación de las reflexiones energéticas del proceso a través de las diferentes leyes de la termodinámica. (Atendiendo a Prigogini, en el sentido de la irreversibilidad de la evolución y disipación de la energía).
Resultado de lo anterior, fundamental y conforme a la ley de la Termodinámica, la energía perdida por un sistema (de producción, por ejemplo) es ganada por su entorno y por eso hay que valorar todo el proceso para compensar y equilibrar la relación con la naturaleza. Por esa razón Carlos Añez señala que
“La importancia de la bioeconomía queda sentada, [..] en el hecho de que la naturaleza algún día pasará la cuenta de la creciente creación de residuos procedentes de la actividad productiva humana, por lo que ha de desarrollarse una «bioeconomía», apoyada en una propuesta de matriz intersectorial integradora de los flujos económicos y ecológicos…”.
Es decir que el proceso de producción no termina con el producto, sino que debemos considerar elemento como el desgaste, el reúso, y aprovechamiento de energías residuales para ampliar el proceso económico, en producción-distribución-cambio- consumo. (Añez, 2016)
Si volvemos la mirada hacia lo que señala Bellamy al plantear que “el pensamiento social de Marx está inextricablemente relacionado con una visión ecológica del mundo” (Bellamy, 2000, p. 45). No podemos omitir que existe una postura ideológica que, en cierta forma se antepone a los criterios que la bioeconomía establece para su estudio, sin embargo, debemos pensar que estamos entendiendo los fundamentos del desarrollo regional sostenible y del ecosocialismo, y finalmente, no podemos escapar al principio de realidad que cualquiera de las políticas públicas, en las que nos apoyaremos, pues ellas contienen su discurso político implícito. Ya Riechmann lo define como un “desarrollo económico y social integrado con protección y mejoramiento del ambiente en sus aspectos ecológicos, biológicos y físicos, con atención a la equidad social y con consideración de las consecuencias globales” (citado por Serna M., 2010), que nos haría pensar en socialismo del estado estacionario.
Sin embargo, el proyecto ecosocialista surge como una apuesta radical de transformación socioeconómica, no exenta de dificultades, que aúna la sostenibilidad medioambiental y justicia social, al grado que algunos estudiosos tienen que percibirlo como una Utopía, (Montesinos, 2017) puesto, que la OCDE sugiere que pueda entenderse como el conjunto agregado de operaciones económicas en una sociedad que utiliza el valor latente de los productos y procesos biológicos para capturar los nuevos beneficios del crecimiento y bienestar. siendo para ciudadanos y naciones. (OCDE, 2009) sin que, por ello dejemos de preguntarnos a quienes se refiere con precisión el organismo internacional, porque en efecto, no son los ciudadanos y naciones latinoamericanas, por ejemplo.
Por eso, el ecosocialismo en el desarrollo se liga al bienestar y aclara que Crecimiento no es igual a Desarrollo, como marcaba el pensamiento clásico, Georgescu (1983) afirma que el proceso económico es un sistema abierto; como decía Marx, no aislado, pero la Tierra es un sistema cerrado, por lo que la escasez de materia determinará lo ambiental ni el proceso puede continuar como algo estable para siempre, por lo que la condición ecológica en un mundo de condiciones estables, porque aun así “no estaría libre de las calamidades sociales que afectan a las sociedades en crecimiento”, (Añez, 2016) y al final, tal vez, tendríamos que especular en la necesidad de suprimir la sociedad de consumo, donde prevalezcan los valores de solidaridad, apoyo mutuo y participación reduciendo gastos (energéticos y productivos) innecesarios.
Sin embargo, debemos saber la crisis ambiental y el modelo civilizatorio que vivimos no permite ni ofrece expectativas para transitar hacia el Ecosocialismo, o al menos a lo que Riechmann plantea como condición irrenunciable (2013), comenzando por una “provisión de bienes y servicios públicos de calidad por parte de un sector de la economía socializado: energía, transporte, comunicaciones, vivienda, sanidad, educación”.
Georgescu, no dice Añez prioriza el método de análisis Bioeconómico y Termoeconómico para la administración del Oikos, que no es otra cosa que “nuestra casa común, la biosfera y el planeta tierra, el cual sigue recibiendo ataques de parte de su más destructivo inquilino: la especie humana”. (Añez, 2016)
Referencias
- Abad Montesinos, J. (2017). La alternativa ecosocialista ante los retos actuales: ¿un proyecto utópico? / The ecosocialist alternative to the current challenges: an utopian project? Bajo Palabra, UAM (17). https://doi.org/10.15366/bp2017.17.016
- Áñez, Carlos (2016) Ecosocialismo: los aportes de Nicholas Georgescu-Roegen para un nuevo orden bioeconómico, Memorias de las I Jornadas Internacionales “Economía, Política y Sociedad”, Venezuela.
- Foster, J. Bellamy [2000], La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza. Introducción, Madrid, El viejo topo, pp. 17-45
- Löwy, Michel, (2012) Ecosocialismo. La alternativa radical a la catástrofe ecológica capitalista, Madrid, Siglo XXI
- Vargas, José, et al (2018) Bio-economy at the crossroads of sustainable development, Revista Iberoamericana de Bioeconomía y Cambio Climático, Nicaragua, Recuperado en http://portal.amelica.org/ameli/jatsRepo/394/3941754008/html/
