Identidades y globalización, disyuntivas de las niñas indígenas en la escuela (Tercera parte)

Dra. Claudia Morales Ramírez

3a parte

 

Niñas zapatistas, en guerra contra el olvido.

La educación autónoma zapatista se autodefine como una nueva educación y una nueva pedagogía; elementos que, sin lanzar las campanas al vuelo, tienen algunos componentes dignos de resaltar. Algunos miembros de la comunidad describen al tipo de educación que desarrollan de la siguiente manera:

La educación es la base de nuestra lucha. Nosotros no tuvimos educación y algunos pocos que sí la tuvimos fue muy mala, la que ofrece el mal gobierno. En mi comunidad no había escuelas, así que teníamos que ir a otra y cuando llegábamos no había maestro, no se presentaba, no había clases; no teníamos libros, ni muebles, nada. (Padre de familia).

Otros padres opinan que la educación autónoma zapatista empieza de abajo, de las necesidades de la población y eso es parte fundamental de los logros que esa educación tiene. Este elemento es de resaltar debido a que hay muchos elementos que la educación zapatista comparte con la educación oficial nacional y, sin embargo, plantea puntos de diferencia.

La escuela ha sido construida con la cooperación de la comunidad, sus aulas son modestas pero suficientes para los niños; en ellas se puede observar que se desarrollan actividades basadas en programas que no distan mucho de los planteados por la educación indígena oficial, aunque el logro obtenido por los niños parece ser mucho mayor. El tipo y la frecuencia de la participación de las niñas y los niños es diferenciado; las niñas son reservadas, aunque cuando se acercan a conversar se puede notar una interiorización mayor de su condición de indígenas y mujeres.

Los niños zapatistas están acostumbrados a convivir con otros mexicanos, chilenos, argentinos, griegos, españoles, canadienses, franceses, italianos, daneses y demás visitantes que con frecuencia están en la comunidad; de tal manera que la utilización del tzotzil o el tzeltal son otros más en el abanico de lenguajes utilizados en la comunidad. Los niños cumplen con sus obligaciones (colectivas y familiares) y además conversan con los visitantes, dicen de diferentes maneras que ellos no quieren seguir el camino de la educación oficial porque en vez de transmitir conocimiento, se convierte en un lugar para olvidar su saber cómo indígenas.

La necesidad de remarcar la diferencia entre la educación autónoma y la oficial es recurrente en todos los habitantes:

No queremos libros, ni salones, ni maestros. Luchamos porque la escuela sea de la comunidad, que se hable de los indígenas de Chiapas y del mundo, que nos enseñen a sembrar la tierra, a conocer a las gentes que hacen nuestras luchas. El libro es lo que nos enseñan nuestros padres, los ancianos y la gente que nos comparte el conocimiento. (Tutor zapatista)

A manera de consigna, con frecuencia se escucha de diversas personas (lo mismo en ancianos que, en mujeres, acompañantes, tutores e incluso niños) que “la educación no es una escuela, no es un libro, no es un maestro. La educación es la comunidad”.

La educación verdadera tiene raíces, tiene tronco y flores. Aquí aprendemos que somos indígenas, que somos zapatistas, que somos mujeres, que tenemos derechos. Derecho a la educación libre, no la del mal gobierno.

Vivimos en la pobreza, pero somos felices, lo mismo que nuestros padres. (Discurso de una niña zapatista durante la realización de un evento en la escuela).

Sin embargo y a pesar de toda esta claridad explícita de la importancia de la libertad, de la igualdad, se observa que las niñas aún viven en desventaja, aún son las encargadas del cuidado de los niños más pequeños, aún son las que ayudan en las tareas de la casa como lavar ropa, hacer la limpieza y cumplen con los roles que les han sido asignados.

De igual manera, con la utilización de los libros de texto (nacionales e indígenas) las niñas siguen expuestas a la transmisión de valores de la sociedad, como la persistencia de la mujer como figura materna. Persiste la práctica, en menor medida, de que los materiales educativos, los juguetes y los juegos están separados por sexo. En los salones de clase hay diferenciación de las actividades entre niñas y niños.

Es más común que los niños se acerquen con mayor rapidez y facilidad a las personas que visitan las comunidades que las niñas. En los tiempos libres los niños ocupan las áreas centrales del patio y persiste el desplazamiento de las niñas a las áreas marginales, aunque una vez que los visitantes inician el contacto con las niñas, es relativamente sencillo percatarse de que las niñas son discretas, en tanto los niños son más abiertos y dispuestos a la interacción.

A manera de conclusión.

Los procesos de globalización por los que atraviesan las niñas indígenas zapatistas son complejos y paradójicos, que incluyen confrontaciones y negociaciones, inclusiones y exclusiones, convergencias y divergencias. Por un lado, la exposición de las niñas a los medios tecnológicos, a la interacción con la población mestiza y extranjera, que forma parte de la cotidianidad de las niñas zapatistas, pareciera plantear un modelo único de cultura dominante, de la anulación de la diferencia; mientras que por otro lado, la conciencia de la diversidad, el reconocimiento y surgimiento de las diferencias que están en la base de los fenómenos identitarios emergen ante esta confrontación, generándose de esta manera una apropiación recíproca.

Las niñas indígenas zapatistas parecen haber puesto en tela de juicio la dicotomía entre tradición y modernidad que ha reproducido el indigenismo oficial: permanecer mediante la tradición o cambiar a través de la modernidad, para generar alguna posibilidad de salir adelante a pesar de su condición de indígenas y mujeres. Ellas reivindican su derecho a la diferencia y, a la vez demandan en la medida de sus posibilidades, el derecho a cambiar aquellas tradiciones que las oprimen o excluyen (observación que hace Hernández, 2001, en referencia a las mujeres indígenas, pero que aplica a las niñas en mención).

La escuela es un espacio de construcción de identidades que tiene la particularidad de tener una función ambivalente: donde se les ofrece a las niñas alternativas para superar su condición étnica, género y edad o terminar como el lugar en el que se reproducen las desigualdades.

 

 


 

Referencias 

  1. Bonfil, P. (2002). Niñas Indígenas: La esperanza amenazada. Serie: La Niña de hoy es la mujer de mañana. Vol. 6. México: GIMTRAP y UNICEF.
  2. Borja, J. (1993). Educación occidentalizada, identidad étnica y proyectos autónomos, in Revista El Aconstista, Diciembre (4): 23-42.
  3. Enlace Zapatista. http://enlacezapatista.ezln…
  4. Gutiérrez, R. (2006). Impactos del zapatismo en la escuela: análisis de la dinámica educativa indígena en Chiapas (1994-2004), Liminar. Estudios Sociales y Humanísticos IV (1): 92-111. San Cristóbal de las Casas: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.
  5. Hernández, R. A. (2001). Entre el etnocentrismo feminista y el esencialismo étnico. Las Mujeres Indígenas y sus demandas de género, Debate Feminista 12 (24): 1-28.
  6. Reyes, A. (2009). La Escuela Secundaria como Espacio de Construcción de Identidades Juveniles, Revista Mexicana de Investigación Educativa 14 (40): 147-174
  7. Scott, J. (2000). Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocultos. Ediciones Era.
  8. Smith, V. (2002). La escala de identidad étnica multigrupo (EIEM) en el contexto costarricense, Actualidades en Psicología 18 (105): 47-67.
  9. Subcomandante Marcos (2001). Los Diablos del Nuevo Siglo. Los niños zapatistas en el año 2001, séptimo de la guerra contra el olvido, La Jornada, 22 de febrero de 2001. http://www.jornada.com.mx

 

Identidades y globalización, disyuntivas de las niñas indígenas en la escuela (3a parte)