Miguel Hidalgo y Costilla

Guadalupe


La imagen del héroe nacional está ligada a dos elementos obligatorios, su sacerdocio y el estandarte Guadalupano. Esa imagen obedece a la construcción de una figura histórica y al sustento gráfico respectivo. El investigador del INAH, Jacinto Barrera, afirma que el estandarte Guadalupano de Hidalgo:


no existió, fue un inventó de Manuel Abad y Queipo, arzobispo de Michoacán, con el fin de acusar al cura de Dolores de fautoría, acto que consiste en utilizar los símbolos religiosos con objetivos deleznables, y el cual era uno de los delitos eclesiásticos más castigados.


En el edicto de excomunión contra Miguel Hidalgo, Abad y Quiepo asentó que:


Insultando a nuestra religión y a nuestro soberano D. Fernando VII, (Hidalgo) pintó en un estandarte la imagen de nuestra augusta patrona Nuestra Señora de Guadalupe, y le puso la inscripción siguiente: Viva la Religión, Viva Nuestra Madre Santísima de Guadalupe, Viva Fernando VII, Viva La América y muera el mal gobierno.


Sin embargo, en boca de los propios insurgentes y de gente que estuvo en la hora y sitio exactos aquel 16 de septiembre de 1810, el hecho de tomar una imagen de la Guadalupana (Guanajuato) fue demasiado fortuito y sin premeditación.


Toma


En Guanajuato, el cura Hidalgo comandó la Toma de la Alhóndiga de Granaditas, lugar que fue construido para almacenar granos y por orden del intendente Antonio de Riaño y Bárcenas, mismo que dio la orden de usarlo como refugio ante el inminente embate de las tropas independentistas. Con lo que el cura Hidalgo ordenó a Allende lanzar sus tropas contra el edificio. Tras más de cinco horas de combate, la tropa rebelde cesó el ataque. Con ayuda de un minero llamado Juan José de los Reyes Martínez, conocido como “El Pípila”, quien se colocó una losa de piedra amarrada sobre su espalda y con una leña encendida en la mano derecha, avanzó pecho a tierra y resistió el ataque de los soldados españoles, finalmente untó de brea a la puerta de la bodega, la cual terminó por quemarse. El ejército insurgente y los militares al mando de Allende y Aldama pudieron penetrar en la alhóndiga. Varios civiles españoles, una pequeña guardia y el intendente Antonio de Riaño, fueron ejecutados.



Miguel Hidalgo, cuyo nombre completo fue Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor, nació en la Hacienda de Corralejo en Pénjamo, Guanajuato, el 8 de mayo de 1753. Fue sacerdote y revolucionario novohispano que destacó por ser el iniciador y el principal promotor de la primera etapa de la Guerra de Independencia de México. El acto por el que es reconocido en la historia mexicana es el Grito de Dolores. El 21 de marzo de 1811 fue capturado en Acatita de Baján, luego llevado a Coahuila, donde fue sometido a juicio eclesiástico-militar; el 30 de julio fusilado.

La Ideología de Hidalgo provenía de una antigua tradición de patriotismo criollo común a toda la América española, que en la Nueva España databa del siglo XVI y que había tomado un fuerte impulso en la obra de los jesuitas criollos ilustrados de mediados del siglo XVII; a quienes los Borbones, celosos de su influencia, los habían expulsado de sus dominios en 1767. Según esta visión patriótica, existía el derecho a reclamar legítimamente la propiedad política, económica, burocrática y religiosa sobre un territorio monopolizado por una minoría de quince mil españoles peninsulares en un país de seis millones de habitantes.

Estas teorías tienen fundamento en la obra de Francisco Javier Alegre y Francisco Javier Clavijero, entre otros, quienes recurrieron a la única vía que les quedaba, la de enarbolar una noción de origen, y que se justificaba por el sólo hecho del nacimiento en esta tierra. Para ello consolidaron un gran inventario de la riqueza de su nación; estudiaron paciente y científicamente la historia antigua: arqueología, lengua y geografía de Nueva España.

Las palabras mismas de Hidalgo reflejan el optimismo compartido sobre los recursos y el futuro de América:

Haremos uso libre de la riquísimas producciones de nuestro país y a la vuelta de pocos años, disfrutarán sus habitantes de todas las delicias de este basto continente.

En el caso particular de Hidalgo había también razones menos ideales en su reivindicación criolla; una de ellas era la brutal recaudación fiscal a las colonias, recaudación que estaba destinada a financiar la guerra contra Inglaterra. Su familia había quedado en al borde de la ruina en 1807 con el embargo y la amenaza de remate sobre sus haciendas, además había afectado a su hermano menor, Manuel, de tal modo que con su descompuesta cordura llegó finalmente a la muerte.

Hay que identificar que la hebra que mantuvo unido al movimiento fue religiosa, ya que el estandarte Guadalupano y el sacerdocio de Hidalgo, incluso el de José María Morelos y Pavón, así como la inserción de las aclamaciones a la madre de Cristo y a la misma religión, dentro las consignas, consolidó un discurso que atrajo inmensas filas al movimiento. Desde la ideología jesuita, hasta las representaciones, ponen en evidencia que ciertas nociones religiosas fueron fundamentales para amalgamar el movimiento. Fue, posiblemente, un eje que permitió cierta popularidad y empatía de ideales y capaz de reunir varios grupos sociales con buen grado de heterogeneidad. Esto incluso pese a algunas hipótesis que descartan el uso intencionado de la imagen de la Guadalupana.
Con todo esto y a más de dos siglos de distancia, el mito de fundación se mantiene; pues no hay mexicano que se sustraiga al respeto por Miguel Hidalgo, el Padre de la Patria, pues sus acciones han sido justificadas como necesarias en la coyuntura histórica de aquellos tiempos. México nació en verdad de la costilla de aquel Hidalgo con nombre de arcángel, con aquel acto emblemático “un grito” emitido en un lugar también simbólico, “Dolores”, con el que arrasó tres siglos de orden virreinal; el gran iniciador.

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